|Capítulo: Sobrina|
—Búsquele otro lugar donde estar, donde también sea feliz, llévelo a su ciudad, usted no es de aquí. Solo regrese a su hogar y llévese a su hermano. Nos hace un favor a todos.
Caminé hacia él y bajé mis brazos, mirando al pequeño hombre, viejo y calvo, que tenía frente a mí.
—¿Quién dice que yo tengo que hacerle favores a nadie? No estoy aquí para complacerlos, ¡y menos para rendirme ante nadie! Tendrán que soportarme o irse ustedes.
—No vender será su ruina, ahórrese el