|Capítulo: Bésame|
—Bésame —le solté entonces—. Bésame una vez y confirma o niega mis palabras.
Me quedé esperando. El ruido de las tazas chocando en la barra y el murmullo de la gente se desvaneció. Solo existía el ruidito de succión de Izan y la mirada de Camila, que se volvió gélida en un segundo.
—¿Es que nunca vas a cambiar?
Se acomodó la blusa con una prudencia que me estaba matando. Izan se había quedado medio frito, con esa pesadez bendita de los bebés después de comer. Yo sentía la san