|Capítulo: La duda|
Camila entró y supe al instante que algo no iba bien.
—Hola —dije suavemente, acercándome. Le acaricié el brazo con los nudillos, solo un roce, pero suficiente para que ella soltara un suspiro que parecía llevar horas conteniendo.
—Hola —respondió, y su voz sonó más baja de lo normal.
Tomó a Izan con cuidado. Yo me dirigí a la cocina sin preguntar. Había preparado té de manzanilla mientras ella estaba fuera, exactamente como a ella le gusta: una cucharada de miel y una rodaj