|Capítulo: Lo elijo a él|
Las lágrimas no paraban. Me había quedado sentada en el suelo del pasillo, con la espalda contra la puerta cerrada, abrazándome las rodillas como si eso pudiera detener el vacío que Trevor dejó al marcharse.
Izan dormía en su cuna, ajeno a todo. Yo, en cambio, sentía que el mundo se me había roto en mil pedazos.
Saqué el teléfono con manos temblorosas y marqué el número de Susana. Contestó al tercer tono, con esa voz alegre y despreocupada que siempre tenía.
—¿Cami?