Analisse
Observaba la gran habitación con una mezcla de nostalgia y aburrimiento. Ya había almorzado… una sopa que se veía deliciosa, digna de una fotografía de revista, pero la comida ni siquiera me pasaba por la garganta. Solo tragué las pastillas en silencio, sin hambre ni ganas de nada, y me quedé mirando el jardín enorme que se extendía más allá del ventanal.
Había dos perros jugando entre los arbustos, felices, libres. Un hombre los vigilaba desde cerca, el encargado de cuidarlos, supongo