PVO Samantha
Habían pasado cuatro semanas desde que salí de mi casa con una maleta en una mano y el corazón hecho pedazos. Un mes desde que mi hija me dijo que estaba muerta para ella.
Y, aun así, cada mañana despertaba con la misma esperanza absurda, que mi teléfono sonara, que apareciera un mensaje suyo o que de pronto llegara al departamento de Camila a buscarme.
Abrí los ojos lentamente, la habitación estaba en silencio, giré la cabeza hacia el buró, el teléfono seguía exactamente igual q