Me tragué el coraje corrí hacia Emilio que venía detrás de ella, pase por un lado de mi madre y me colgué de su cuello, le di un beso que apenas respondió él.
Vi el brillo de dolor que cruzó por sus ojos y por primera vez no sentí culpa, sino satisfacción. Quería que entendiera que Emilio era el padre de mi hijo, que todavía era mío.
Nos sentamos en el comedor, el silencio fue pesado, de reojo observé como se lanzaban miradas, cada pequeño gesto confirmaba lo que ya sabía.
Acaricié mi vientre