MILA
Maximiliano entra en la habitación, su rostro serio y su tono de voz grave. Me tensa inmediatamente, sintiendo un golpe de ansiedad en mi pecho.
—Tenemos que hablar —dice, su mirada fija en mí.
Natalia y yo nos separamos, y ella me da un abrazo rápido antes de retroceder. Puedo sentir su mirada preocupada sobre mí, pero no dice nada.
Me siento en la cama, tratando de prepararme para lo que Maximiliano tiene que decir. Su expresión es grave, y puedo sentir la tensión en el aire.
—¿Qué pasa?