MILA
Abro los ojos y me encuentro con una habitación llena de flores. Maximiliano está parado frente a mí, con un ramo de flores en la mano, y sonríe de oreja a oreja. Lleva pantalones largos, pero su torso está descubierto. Nuestros bebés están sentados en la cama, cada uno sosteniendo una rosa en su pequeña mano.
—Buenos días, cumpleañera —dice Maximiliano, su voz suave y cariñosa.
Me siento en la cama, impresionada por la escena que tengo frente a mí. Me tiende el ramo de flores y me besa en