AMANDA
Dimitri, sentado al lado de Nerea, no dejaba de mirarla. Nerea, por su parte, estaba más serena de lo que debería estar. La conocía, y detrás de esa calma había una mezcla de miedo y confusión. Lo peor era que su actitud parecía agradarle al tal Dimitri. Yo no confiaba en él ni un poquito, pero si jugaba bien mis cartas, tal vez podía aprovechar su interés.
—¿Y cómo es la vida en Hawaii? —preguntó Dimitri, su atención completamente centrada en Nerea.
Nerea dudó un instante antes de respo