**ELENA**
Un destello de urgencia sádica cruzó sus ojos oscuros. Su mano libre descendió con lentitud destructiva por la tela de mi bata hasta posarse con una fijeza rotunda sobre mi vientre, reclamando el relieve sutil que escondía su sangre. El contacto me arrancó un gemido ahogado de frustración y placer que mi pecho no pudo contener. Sus dedos se crisparon sobre mi piel a través de la seda, un pacto húmedo que nos unía en medio del desastre.
—Nadie saca lo que es mío —siseó Damián, y una so