**ELENA**
Me acomodé el chal de lana sobre los hombros, sintiendo el frío de la bruma calar mis huesos. El vestido esmeralda de la noche anterior se sentía ahora como una armadura pesada y ridícula. Llevé de forma instintiva mis dedos al vientre, apretando la tela suelta del corte imperio. El mareo matutino regresó con una violencia previsible, obligándome a tragar saliva para no delatar mi debilidad ante la mirada analítica del centinela.
—Los radares del puerto reportan movimiento, señorita E