**ELENA**
—Estás cometiendo el peor error de tu miserable vida, empleado —escupió Damián, su voz resonando con una vibración tan baja que pareció hacer vibrar el mármol del balcón. Sus manos, enguantadas en piel negra, se aferraron a los barrotes de la verja con una fuerza que hizo crujir el metal—. No sabes con quién te estás metiendo. No tienes el dinero ni los barcos para esconderte cuando decida borrar esta colina del mapa.
—Tengo los hombres y el acero necesarios para mantenerlo afuera hoy