**ELENA**
Al entrar al despacho, mi tío se dejó caer en su sillón de cuero, respirando con dificultad, su bastón de plata temblando contra el suelo de mármol. El esfuerzo de la gala y la amenaza directa del magnate estaban haciendo mella en su salud debilitada. Me arrodillé a su lado, tomando sus manos enguantadas entre las mías.
—Tío, no podemos permitir que esto se transforme en una guerra —dije, mi voz saliendo con una urgencia que no admitía réplicas—. Damián Cavalli está loco. Su obsesión