**ELENA**
La penumbra del pasillo de servicio se sentía fría, asfixiante. Me pegué a la madera labrada de la puerta trasera del despacho, conteniendo la respiración mientras las voces del otro lado se filtraban, apagadas pero cargadas de veneno. Mis dedos aún hormigueaban por el contacto con Damián; mi piel recordaba la presión de su cuerpo contra el mío, un calor prohibido que ahora se transformaba en una culpa corrosiva.
“Me encerró aquí como a una criminal mientras él da la cara por mis peca