**ELENA**
Caminé hacia la terraza este cuando la noche cerró por completo sobre las colinas. Abajo, en la inmensidad del valle, las luces de la ciudad profunda parpadeaban como un recordatorio de que el verdadero peligro nunca dormía. Apreté el relicario de sándalo que colgaba de mi cuello, sintiendo la plata fría contra mi piel ardiente.
“Damián no va a quedarse de brazos cruzados en sus muelles. Su orgullo está sangrando”.
Los celos que había visto en sus ojos oscuros al descubrir a Adrián en