Había preparado un atardecer maravilloso con Gianna en esa cabaña, tenía una cena increíble, rosas, junto a una chimenea encendida para hablar toda la noche. Pero ahora mismo no podía resistir el ansia y las ganas que tenía por besar su boca y por demostrarle todo lo que se está acumulando en su pecho, y todo lo que sentía por ella.
Y sin darle un aviso, sin prepararla, incluso tomó su rostro, lo alzó hacia él, y de la forma más sincera como nunca en la vida lo hizo, le dijo:
—Te amo cara mía…