Gianna reposó su cabeza en el pecho de Enzo, mientras sus dedos acariciaban su duro abdomen. La noche era demasiado perfecta como para pensar en alguna cosa mientras sus cuerpos entraban en calor., junto al sonido de las llamas que se consumían muy cerca de ellos en la chimenea.
Ella todavía no salía del trance, estaba impresionada con lo que había pasado y sobre todo lo que su cuerpo ya había experimentado. Jamás en su vida pensó vivir una experiencia como esta, y ser tomada de una manera tan