Gianna desvió la mirada hacia Enzo, que parecía emanar un tanque de furia, y podía jurar que la ojeada que estaba enviando hacia su esposa, estaba cargada de resentimiento y rabia.
Pero, ¿Qué podía pasar para que toda esta situación se estuviera suscitando?
—Antonella… ¿Qué? —Enzo intentó.
—Necesitaba un poco de aire… quería hablar con alguien… —ella se adelantó—. ¿Crees que puedes llevarme a casa? Ya he terminado aquí…
Gianna retrocedió un paso ante la conversación, pero de un momento a otro,