86. ERES UNA HIJA DEL FUEGO
SOL:
Todo parecía irreal, demasiado grande para entenderlo. Una parte de mí quería alejarlos, no escucharlos más. Pero otra, la que lentamente despertaba desde lo más profundo de mi ser, sabía que necesitaba la verdad. Ellos quieren protestar de nuevo, pero el abuelo les da una mirada furiosa y no les queda más remedio que marcharse.
—No dejaste ni que habláramos con ella —escucho a mamá regañar a papá cuando se alejan—. Tenías que traerla a tu padre enseguida; ¿lo viste? No dejará a Sol nunca