Mundo ficciónIniciar sesiónArdad sonrió con una calma perturbadora. Se levantó del asiento con fluidez y se acercó unos pasos, obligándome a retroceder hasta que la pared áspera de madera golpeó mi espalda.
—¿Por qué hiciste eso? —logré preguntar. —Yo soy su mitad, pero él se niega a desposarme; necesitaba de ti para poder estar con él y engendrar un hijo poderoso —dijo sin ningún tipo de






