40. EN LA ISLA
SOL:
La pregunta quedó suspendida en el aire como un eco interminable, y por primera vez desde que lo conocía, vi a Árni vacilar. Su ceño se frunció ligeramente, y aunque seguía viéndose tan inhumanamente bello como siempre, la sombra que cruzó su rostro me dejó un nudo en el estómago.
—Ven aquí, mi Sol —dijo, tomándome de una mano—. Te esperé por siglos sin saber que eras mi Tua cantante; no me importaría volver a hacerlo ahora que lo sé. Pero encontraré la forma, si lo deseas, de volverte