39. SOLOS EN LA ISLA
SOL:
Después de que la vampiresa, madre de Árni, se retirara, desaparecimos al instante. Y, por supuesto, como siempre, me dormí. Al despertar, aún me encontraba dentro de las alas de mi adorado salvador. Al sentirme despierta, las abrió, y rápidamente pasó a ser humano, sonriendo.
—¿Cómo te sientes, mi Sol? —preguntó con una sonrisa—. Tenemos que ver por qué te pasa eso cada vez que viajamos a grandes velocidades. Pensé que esta vez, por estar en mis alas, no te pasaría.
—También me gustaría n