31. LA BÚSQUEDA DE SOL
SIRIUS:
Respiré profundamente antes de responderle. La reacción que temía estaba ahí, en su mirada ardiente y en el movimiento impaciente de sus alas. No obstante, debía insistir. Había sido testigo de todo y mi deber era recordárselo, aunque él se resistiera.
—Señor, no le estoy mintiendo. Ya no los odia porque la señorita Sol vivía con usted, cargándole, dándole besos y abrazos. Esa fue la única manera en que pudo estar cerca de ella sin atraer demasiada atención —expliqué con serenidad, mirá