30. OLVIDADA
SIRIUS:
Después de bañarme y cambiarme de ropa, me quedo mirando a mi señor, convertido en un murciélago gigante. Como siempre, está sentado en el sillón frente a la chimenea, observando el fuego.
—Señor, trate de acordarse dónde dejó a su Sol —le pido una vez más en voz baja.
—¿De qué hablas, Sirius? ¿Quién es Sol? —pregunta el príncipe, para mi desconcierto.
—Su Tua Cantante, mi señor, la descendiente de AL; ya la encontró —le digo desesperado.
—¿La encontré? ¿Y por qué sigo siendo un animal?