32. EL REENCUENTRO
EL PRÍNCIPE:
Sirius me observó, volviéndose más serio, como si cada palabra mía confirmara cosas que había callado durante demasiado tiempo.
—¿Cuánta sangre tomó? —preguntó con preocupación.
—Mucha —dije, todavía saboreando el gusto en mis labios.
—Señor, no debe hacer eso —dijo, adoptando una actitud más seria que nunca—. Espero que no la haya tocado con sus colmillos o su saliva.
Su afirmación lo aclaró todo. Los lobos no solo la querían para someterla; la deseaban porque ella era clave para