El calendario del café marcaba octubre.
La pizarra del día decía: “Especial de la casa: capuchino con canela”.
Y la servilleta de la mesa 12 estaba a punto de convertirse en el documento estratégico más importante de la vida sentimental de Elías.
—Necesitamos un plan —dijo Maya, ya sentada, con la lengua entre los dientes mientras dibujaba cuadros y flechas.
—Pensé que el contrato era el plan —comentó él.
—No, eso solo es el marco legal de tu desastre —respondió ella—. Esto es el plan real.
Dibujó una línea de tiempo.
—Mira: octubre, noviembre, diciembre. Tres meses.
Objetivo: que a más tardar el 31 de diciembre estés con una mujer que, mínimo, te provoque quedarte en la misma mesa sin mirar el reloj.
—Eso no es un objetivo técnico.
—No estamos en una auditoría —dijo ella—. Estamos en “operación: que dejes de ser tan infeliz”.
Empezó a enumerar en voz alta:
—Primero: dejarás de salir con mujeres solo porque cumplen los requisitos de