El sábado olía a café recién molido, a lluvia lejana y a nervios.
Maya revisaba la hora en el móvil mientras caminaba de un lado a otro detrás de la barra.
—Relájate tú también —dijo Julián—. Parece que la cita fuera tuya.
—Es mi paciente —respondió ella—. Si sale mal, es mi reputación como asesora la que queda dañada.
—¿Tu reputación dónde? —se burló él.
No le contestó, porque en ese momento Elías entró por la puerta.
Traje azul oscuro, camisa azul claro, zapatos impecables. El p