ISABELA
Mario me pisa los talones mientras salgo del coche; la fachada de cristal del edificio de oficinas de Omar brilla bajo el sol de la mañana.
—No es buena idea —murmura—. De hecho, es una idea terrible.
—No le veo el sentido a esto, Isa —dice Mario. Nos detenemos y él mira hacia el elegante rascacielos—. La boda está programada. Solo vas a causar problemas. Y después de lo que dijo tu padre...
—Ay, hombre de poca fe —le sonrío con sorna por encima del hombro mientras me dirijo a la entrad