Isabela
Mi pulso late fuerte y apenas puedo pensar con claridad.
Mientras tanto, Alexei está tan tranquilo como siempre. Es desconcertante y tranquilizador a la vez.
No puedo dejar de mirar la pistola que tiene en la mano. Es una Glock 17; lo sé por mi vida.
Mil pensamientos me recorren la mente. ¿Quién nos sigue? ¿Por qué ahora? Pero me los guardo. Lo último que necesita la situación es que entre en pánico.
—Parece que estás a punto de desmayarte—, dice.
Él sonríe, pero antes de que pueda dec