Ella se rió. —Claro.—
—Y para demostrarles que no estoy tratando de deshacerme de todo este vino extra que tengo en casa, voy a elegir algo nuevo.—
Eso le sacó otra carcajada. —Perfecto. Pero debo aclarar que siempre puedes endosarme el vino extra—.
—Anotado.—
—Seis será.—
—Bien. Si no te importa, volveré a usar la entrada secreta.—
Con un guiño, se dio la vuelta y se dirigió a la puerta, la abrió y dedicó una última sonrisa por encima del hombro antes de desaparecer tras la valla de piedra.
Pi