Piper se giró hacia Maddie, que se lo estaba pasando en grande riéndose a carcajadas mientras perseguía a Mick por el patio.
Piper se inclinó hacia mi casa. —Bueno, tengo que admitir que tengo un poco de curiosidad... ¿hay una... señora Valentino en casa?—
Me reí. —No, no hay esposa, ni hijos. Mick y yo, y eso es todo.—
Eso aportaba más pruebas para demostrar que Maddie era mi hija. Aun así, era circunstancial, y no suficiente como para preguntarle directamente.
Inclinó la cabeza hacia un lado,