VALENTINO
Aunque odiaba el papeleo, agradecía la distracción. Me costaba asimilar todo lo que estaba pasando.
Es decir, el hecho de que ya no tenía ninguna duda de que Maddie era mía. ¿Cómo no iba a serlo? Tenía la misma edad, y cada vez que me miraba con esos grandes ojos marrones, era como mirarme en un espejo.
Tenía que esperar, y odiaba esperar. Empecé mi propio negocio por la frustración que me producía lidiar con la lentitud de la burocracia médica. Siempre había sido de las personas que