—¡Uf!—, exclamó con un suspiro mientras se dejaba caer en su asiento, con sus pechos rebotando al aterrizar. —¡Por fin!—
El asistente de vuelo no perdió ni un segundo antes de apresurarse a regresar al pasillo y tomar el control del altavoz de la pared.
—Damas y caballeros, es para mí un gran placer anunciarles que estamos a punto de partir—.
—Dios mío —dijo la mujer, meneando la cabeza—. No puedo creer que todos tuvieran que esperarme así.
Sin decirme nada más, se giró hacia la mujer sentada f