VALENTINO
¿Qué demonios está tardando tanto?
Eran veintitrés minutos y cuarenta y dos segundos después de la hora programada de salida del vuelo, las once y treinta y cinco
No. Llegamos tarde al despegar por culpa de alguien que no se molestó en llegar a tiempo. La falta de consideración con los horarios de los demás me enfureció.
Di un sorbo a mi botella de agua, deseando que fuera una cerveza. Odiaba volar, siempre lo había hecho. Aunque iba en primera clase, mis largas piernas estaban doblad