Mundo ficciónIniciar sesiónSus dedos recorren mi espalda en una línea lenta, aprendiendo mi forma. El contraste entre el aire nocturno y su calor me roba el aliento. Cierro los ojos, entregándome al ritmo que marca, a la certeza de que me sostiene.
—Dime —murmura—.
—Guíame.
La respuesta parece bastarle. Me besa con una intensidad que no invade, que promete. El mundo se reduce a la presión de sus labios y a la calma extraña que me invade cuando me siento vista, elegida.
Me separa apenas, lo justo para mirarme.
—No hay prisa —dice—. Esta noche es nuestra.
Asiento. La ciudad brilla abajo como un secreto bien guardado, y por primera vez no siento vértigo, sino ancla.
Me arrodillo, acolchonada por un terciopelo suave, a la altura de su pene. Es grueso, largo e intimidante. Cuando rodeo la base con una mano, sisea su aprobación.
—Llévame profundo—, dic







