Siento otra mirada sobre mí: la de Damas. No es admiración. No es simple curiosidad. Es evaluación.
Es el tipo de mirada que me hace sentir expuesta, como si intentara calcular algo sobre mí. Lo esconde bien tras una sonrisa perfecta, pero yo lo siento igual.
Se sirve café. Unos minutos después, Charles mira su reloj y se levanta.
—Los viejos nos convertimos en calabaza pronto—, bromea antes de abrazarme. —Estás guapísima, chavala. Tus padres estarían orgullosos.—
Un nudo se me sube a la garg