Lleva una falda negra ajustada que no hace nada para ocultar la curva de sus caderas, y una blusa sedosa que se adhiere a su pecho de una manera que me perseguirá en cada reunión de hoy.
Ella nunca se vio más sexy.
Me mira; tranquila, profesional, lista. —Buenos días—, dice con tono sereno y fresco. —He sincronizado tu calendario, he impreso los archivos para la primera reunión y he quedado con que Dalia llame a las diez en lugar de a las ocho—.
Mierda.
Ella levanta una ceja, sin sonreír con so