Ella le devuelve el abrazo. —Me aseguraré de que se adapte—.
Regresamos a la habitación de Ana. —Necesito ver a Pavel y Vlad. ¿Nos vemos?—
Camille asiente. —Por supuesto.—
Salgo al pasillo con la mente enredada. Mi hija por fin está a salvo en casa conmigo, donde debe estar, pero el peso de todo lo demás se derrumba en cuanto salgo de ese pequeño capullo.
La sola llegada de Ana ha trastocado su mundo. Añadir otra capa ahora podría llevarlo al límite, pero ¿llegará algún día el momento perfect