Kat se acerca y cubre la manita de Ana con la suya. —Solo un ratito, cariño. Pero primero tengo una sorpresa para ti—.
Ana ladea la cabeza. —¿Una sorpresa?—. Su voz es cautelosa pero esperanzada.
Me aclaro la garganta, eligiendo las palabras con cuidado. —Vamos a prepararte una habitación arriba—, le digo a Ana, observando atentamente su reacción. —Un espacio solo para ti, con juguetes, una cama de princesa y todo lo que quieras o necesites—.
La ira me revuelve las entrañas con solo mencionar