Me embiste, profundo y brutal, con una fuerza que me deja sin aliento. Cada embestida es más dura, más rápida, más castigadora, y es demasiado, demasiado buena, demasiado perfecta. Mis uñas se deslizan por su espalda, mis caderas se arquean al ritmo de su impulso. Estoy desesperada, arruinada, tan cerca que casi siento que me deshago.
El clímax me recorre como un rayo, mi cuerpo se aprieta a su alrededor, mi grito se ahoga en su hombro mientras lo muerdo. El orgasmo me reclama, más fuerte que c