Tiempo atrás en una de mis dos pocas visitas al penhouse, había descubierto ese anillo por casualidad, oculto en el vestidor de mi marido, enterrado dentro de un obscuro cajón.
En ese entonces no sabía a quién había pertenecido.
—Esperaba que vinieras esta noche —saludó Melissa con una sonrisa deslumbrante, sujeta al brazo de Adam y mirando con ojos brillantes a Gabriel.
Miré el anillo en su dedo y noté una desazón en el corazón. Ella había recuperado esa costosa joya, ¿cómo?
—Contrario