Cuando vio que no contestaba, sus labios se cerraron y dio un agresivo paso hacia mí. Se subió el cierre del pantalón, zanjando el asunto.
—¿Es por él? —increpó, de repente molesto—. Deberías aprovechar y decirme quién es él para ti, preciosa. Dímelo ahora, antes de que sea demasiado tarde.
De repente, nuestra discusión había cambiado de rumbo. Se había desviado hacía un peligroso camino que yo no quería pisar.
Sin dejarme poner un pie en el suelo, apoyó un dedo en mi barbilla y niveló nues