Capítulo 67. Harina de otro costal.
Al rato de haberse ido, Mariana llegó a la mansión que su abuela le había dejado, en la cual vivía su tía. Y apenas llegó, tiró su bolso en la entrada de la puerta y caminó hasta la primera sala y se tiró en unos de los muebles mientras decía: esto sí es vida, sacó su teléfono del bolsillo de atrás de su pantalón y lo puso en silencio.
Ella, que se había olvidado del mundo entero porque se había quedado dormida en la primera sala de su casa que encontró, no se estaba dando cuenta del revuelo qu