GINEBRA.
Mis pensamientos eran una condena absoluta, descansaba en una habitación mientras me encontraba encerrada, luego de la llamada que hice a Georgiano. Dom no me creyó nada así que me golpeo para que le confesará a quién había llamado. Era un idiota, sabía que no podía hacer mucho esfuerzo físico porque me encontraba débil por la pérdida, sin embargo, logre defenderme un poco. Me había sacado de la casa inconsciente y me llevó a otro lugar, por lo que no sabía dónde nos encontrábamos. Me