ANTEPASADO.
Cuando él se retiró los sirvientes levantaron la cabeza, y se pusieron a murmurar entre sí como buenas chismosas que eran.
—Los rumores eran ciertos, es realmente bello.
—Verdad? Qué me dices de sus ojos son iguales a los de-
—Ejem.
El mayordomo las interrumpió con su tos.
—No están aquí para meterse en la vida privada de sus majestades, sino para trabajar.
Fulminó a la que habló de los ojos de Sam y la dijo con una mirada siniestra.
—Sabes que está prohibido hablar de ese sujeto, menos delante