El aullido de Dorian fue tan potente, tan desgarrador, que las bestias a su alrededor se retorcieron en agonía. Lobos aullaban de dolor, otros se desplomaban con las patas cubriéndose las orejas, desesperados por sofocar aquel estruendo que los volvía locos.
Nolan sintió el sonido vibrar en sus huesos como una maldición. Maldijo por lo bajo, soltando a Somali y llevándose ambas manos a los oídos, pero la intensidad del grito seguía penetrando en su cráneo como dagas ardientes.
Y entonces, el Al