Laurita llegaba a la empresa a su hora de entrada, los demás siempre estaban esperándola para ayudarla
—Laurita, venga, aquí está el ascensor esperándola
—Gracias, son ustedes muy amables
—Ay Laurita, usted se merece esto y mucho más, jajaja
Cuando se abrió el ascensor, la saludaban solícitos todos, aún no llegaba el jefe, entro a la oficina, arreglo papeles, reviso la agenda y trajo un café bien caliente y dos tostadas para Hadrien.
En el piso se escuchaba unos tarareos de canción, al abr