90. CONOCIENDO A ROBIN
Me dormí profundamente en los brazos de Robin. Cuando al fin desperté, no estaba. Me levanté y me percaté de que era noche cerrada. Salí de la habitación y bajé las escaleras buscando la cocina. Al llegar, me encontré con la abuela Esmeralda, sentada a la mesa con su inseparable taza de té en las manos.
—Hola, Ema, ¿cómo te sientes? —me preguntó con aquel tono tan amable que me hacía dudar si realmente era la misma persona que un día jugó a ser la general de las relaciones públicas en mi empres