Mundo de ficçãoIniciar sessãoEl abrazo de mis hijas me arropa, haciéndome sentir mucho más tranquila. Ellas son mi vida. Las estrecho muy fuerte, como si al aferrarme a ellas mi existencia volviera a la realidad.
—Yo también las amo, niñas —digo, mirando cómo Odilia cabecea en el sillón—. Llamen a la abuela, debe estar muy cansada.—Es que nos pasamos la noche aquí contigo —dicen ambas, volviendo a abrazarme.Sus brazos me envue






